EGÚN EL NUEVO 'DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL' FRANCO ERA:
"Autoritario, no totalitario"
La obra, que ha costado 6,4 millones al erario público, no hace una sola referencia a la represión franquista. El diccionario también afirma que Aznar perdió las elecciones porque el PSOE se aprovechó del desastre del 'Prestige'
Cualquiera que abra un libro y lea que Franco fue un general valeroso y católico, que participó en un golpe de Estado contra un Gobierno caótico con el único fin de restaurar la monarquía democrática, probablemente pensará que se trata de una de aquellas historias de la cruzada española que el régimen utilizó como propaganda. La sorpresa es mayúscula cuando uno se percata de que no se trata de ningún panfleto franquista, sino del Diccionario Biográfico Español que presentaron este mismo jueves el rey Juan Carlos y la ministra Ángeles González-Sinde, una monumental colección de 50 tomos editada por la Real Academia de la Historia, que le ha costado al erario público 6,4 millones de euros.
La entrada del diccionario correspondiente a Francisco Franco Bahamonde, que ocupa cinco páginas del volumen número 20, tan sólo dedica un párrafo a hablar de la Guerra Civil e incluye afirmaciones tan polémicas como esta: "Montó un régimen autoritario, pero no totalitario". Va más lejos todavía que la definición que da la RAE de franquismo, al que califica como movimiento "de tendencia totalitaria", lo que sigue levantando quejas.
Asimismo, no se hace una sola mención a la represión franquista durante y después del conflicto, documentada por historiadores de la talla de Julián Casanova o Paul Preston. Precisamente, este último ha publicado recientemente su libro El holocausto español, donde da la cifra aproximada de 150.000 víctimas inocentes a manos de los sublevados. En 2008, el recuento del juez Baltasar Garzón sobre la represión en zona nacional reunió 143.353 nombres.
El Gobierno mira a otro lado
El Ministerio de Cultura aclaró ayer a este periódico que su aparición en la presentación no tiene nada que ver con la Real Academia de la Historia. González-Sinde simplemente estaba allí como ministra de acompañamiento de los reyes, debido a que Ángel Gabilondo, ministro de Educación, tenía otro acto. Desde Cultura se subraya que esta obra no es responsabilidad de su gabinete porque no tiene que ver ni con la subvención, ni con la supervisión del diccionario. Por su parte, el Ministerio responsable, el de Educación, se limitó a confirmar que su relación con las academias es únicamente administrativa y que estas "son instituciones independientes" de su dirección.
Por tal motivo, aseguraron, Educación no debe conocer lo que se hace con la inversión en el proyecto.
"Somos deudores del presidente Aznar" Los primeros 25 tomos del diccionario, que sólo llegan hasta la letra ‘h', ya están a la venta a través de la página web de la Real Academia de la Historia (www.rah.es). El presidente de la institución, Gonzalo Anes, resaltó este jueves que fueron sus buenas relaciones con José María Aznar las que impulsaron el proyecto, llegando a señalar que "somos deudores del presidente Aznar". "En 1998 le invité a visitar la Academia y le expuse la necesidad de hacer el diccionario. Siendo ministra de Cultura Esperanza Aguirre, en 1999, el Ministerio aprobó cien millones de pesetas anuales [600.000 euros] durante ocho años para hacerlo", afirmó Anes. El mismo jueves, tras dar a conocer algunos datos sobre la obra, llamó la atención que importantes historiadores del siglo XX español como Paul Preston, Josep Fontana, Julián Casanova o Ángel Viñas no hubiesen participado en ella.
La entrada de José María Aznar, escrita por el académico de la Historia Manuel Jesús González González, dedica varios párrafos a los "logros" de la política económica de la era Aznar, pero resume en solo una línea lo ocurrido tras el 11-M: "En un clima social traumático, tras el atentado terrorista del 11-M, el Partido Popular pierde las elecciones del 14 de marzo de 2004". El texto ignora las manifestaciones de cientos de miles de personas durante esos días y el intento de manipulación por parte de Aznar de la autoría de los atentados.
Diccionario partidista
Los deslices y deformaciones son graves: indica que "el aprovechamiento, desde la oposición socialista, del hundimiento del petrolero Prestige" fue uno de los motivos por los que el Partido Popular perdió las elecciones en 2004.
Además, el texto comete importantes lagunas al recordar la tregua de ETA de 1998, declarada durante la primera legislatura de Aznar: "El Gobierno mantuvo las más estrictas reservas sobre la sinceridad de la misma, llegando a calificarla, en palabras de Mayor Oreja, como una tregua trampa". Sin embargo, no se dice nada del acercamiento de presos que siguió a la declaración del alto el fuego (Aznar trasladó a 135 reclusos etarras a cárceles próximas al País Vasco), ni del guiño que el expresidente hizo a los terroristas en una rueda de prensa, denominándolos "Movimiento de Liberación Vasco" tan sólo dos meses después de que declararan la tregua.
Franco, riguroso y eficaz
El autor de la reseña del caudillo es Luis Suárez Fernández, un historiador vinculado a la Fundación Francisco Franco que en su día tuvo un acceso privilegiado a los archivos familiares del dictador. El perfil que dibuja es el de un gobernante católico, inteligente y moderado.
De la pluma de Suárez nacen descripciones sobre la vida del caudillo como "pronto se hizo famoso por el frío valor que sobre el campo [de batalla] desplegaba" o "acciones en Xauen y Melilla incrementaron su fama de jefe riguroso y eficaz". Asimismo, lo presenta como un jefe de Estado igualitario: "Franco presidió los actos de inauguración del Valle de los Caídos, gigantesco monumento funerario en que esperaba se albergasen cenizas de los muertos en uno y otro bando".
También lo valora como un estratega militar de altura que dio consejos al presidente de EEUU: "Cuando, en agosto de 1965, el presidente Johnson invitó a Franco a participar en la guerra de Vietnam, este demostró su capacidad militar recomendándole salir de una guerra que no podía ganar: los ejércitos modernos son impotentes frente a la voluntad de un pueblo que se expresa en las guerrillas".
El Diccionario Biográfico Español se terminará el próximo año con los 25 tomos restantes, hasta completar más de 40.000 personajes del ámbito español.
STÉPHANE HESSEL
"La indignación debe ir seguida de compromiso"
Sobre la mesa de su salón parisiense, Stéphane Hessel guarda un ejemplar de EL PAÍS en el que aparece una foto con jóvenes españoles indignados. Pertenece a los primeros días de la convocatoria de una ola de manifestaciones bajo el título de su libro, que va camino de vender 400.000 ejemplares en España y que ha alcanzado los dos millones en Francia.
Este chaval de 93 años apareció en el momento justo, con la palabra justa. Su único mérito ha sido recapitular. Colocar en alza valores que hoy están amenazados y que han costado años y décadas de lucha y sacrificio. Libertad, igualdad, justicia, legalidad, compromiso, derechos humanos. Palabras labradas a base de sangre y fuego, en su caso no con demagogia barata. Porque Hessel tiene sus razones para indignarse cuando vislumbra la amenaza de verlas desaparecer. No es un charlatán, ni un panfletario, aunque reivindique el género en el que Marx y Engels redactaron el Manifiesto comunista -él no comulga con ello- o Zola lanzara su Yo acuso sobre el caso Dreyfus.
Nacido en Berlín en 1917, se convirtió en francés después de que sus padres huyeran de la amenaza nazi y se instalaran en París. Se enroló en la Resistencia, fue condenado a muerte y torturado por la Gestapo, pasó temporadas en varios campos de concentración y fue testigo de excepción en la histórica redacción de la Declaración de Derechos Humanos. Una vida y una altura moral más que suficientes para sacudir conciencias a nivel global. Un héroe civil, un agitador pacífico y con las ideas claras.
Miles de personas manifestándose en España al grito de "¡Indignaos!". Estará satisfecho. Su mensaje ha calado. Ya lo he visto. Me alegro. Cuando empezamos con la idea de este pequeño libro teníamos a Francia en la cabeza. Ocurrió que en pocas semanas se produjeron varios acontecimientos. La popularidad de Sarkozy se fue hundiendo, lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, e incluso en España con Zapatero, y en Portugal con Sócrates. Antes de que se produjeran las revueltas del norte de África, la idea de que los Gobiernos de varias partes del mundo rozaban comportamientos que provocaban la indignación de la gente era algo que raramente habíamos visto.
Y le dio por escribir este discurso y convertirlo en libro. No es un trabajo literario, en absoluto. Queríamos lanzar algo corto y estimulante. Puede que hasta tenga faltas de sintaxis. La editora se sentó justo donde está usted ahora, yo empecé a hablar, lo redactó, me lo dio, lo corregimos y lo lanzamos.
Como una entrevista. Una pena para mí, podía haberme tocado, ya que estamos. Exactamente, así ocurrió. Lo digo porque surgió de manera natural, como una conversación. Y una vez en la calle corrió como la pólvora.
Es que hay mucha gente esperando un discurso que aglutine ciertos sentimientos. La palabra justa, la expresión que todos tienen en la cabeza. Esa indignación. Lo he podido comprobar, efectivamente. Pero el libro está basado en dos textos: el programa de la Resistencia, no muy bueno, pero escrito en el momento y en el lugar justos; cuando los franceses se sentían acorralados por un enemigo como los nazis. El otro es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
De la que usted fue testigo de excepción. Estuve allí cuando se redactó. Yo era demasiado joven para formar parte de ese grupo de 12 sabios, pero fui asistente. Les ayudé a organizar las reuniones, a redactar las actas. Los que estaban allí eran figuras de primer nivel en la esfera de la política y el derecho como la viuda del presidente Roosevelt, Eleanor. Se encontraban en Nueva York y en Ginebra y yo me encargaba de prepararles los papeles y asegurarme de que hacían el trabajo.
¿Vigilándoles? Como secretario. Yo era un joven diplomático, carecía de autoridad, pero me sobraba curiosidad. Tenía motivaciones muy profundas para que el trabajo saliera de la mejor manera. El hecho de haber acabado la guerra en tres campos de concentración era suficiente impulso para mí.
Estuvo usted en Buchenwald. Allí conocí a Jorge Semprún. Un gran amigo; guardo una anécdota de él importante. Cuando llegó al campo y le preguntaron a qué se dedicaba respondió: estudiante. "Si pongo eso", dijo el que tomaba el registro, "le matarán inmediatamente, voy a dejar las primeras letras y lo voy a transformar en estucador. Así, por lo menos, le asignarán trabajos manuales". Era lo único que buscaban. Pero volvamos a ¡Indignaos!
Me gustaría que contara el significado que para usted lleva ese término. Es una palabra que utiliza con un sentido positivo. Apela a aquellos que la sienten para contagiársela a quienes no la llevan dentro. Contiene su lado positivo, pero también sus partes oscuras.
Y si es así, ¿cómo cree que se puede contagiar su parte de luz? Le confieso que el título fue propuesto por la editora, Sylvie Crossman. Pero lo acepté inmediatamente.
¿Con su llamada imperativa? Sí, señor, y con su signo de exclamación. Es fuerte. Mucho más de lo que yo hubiera propuesto, porque no me considero un revolucionario, soy diplomático que cree en la no violencia. Busco poner a la gente de acuerdo, más que enfrentarla.
Eso es bastante radical para los tiempos que corren. Estamos rodeados de políticos que nos llevan a la guerra. ¿El diálogo es hoy revolucionario? Puede ser. Pero si nos atenemos a los significados, le diré que lo que más me convence de la palabra es que contiene otro término fundamental: dignidad. Por eso lo acepté. Cuando la dignidad se pone en cuestión es necesario reaccionar. La indignación viene del pisoteo de la dignidad que cada ser humano lleva consigo. Por eso siempre me remito a la Declaración de Derechos Humanos. En su artículo primero ya dice: Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y en derechos.
Y ahora viene a apelar al compromiso. El nuevo libro se titula precisamente Comprometeos. Es el paso moral siguiente a la indignación. Nadie puede molestarse por que el prójimo se comprometa con algo. Puede molestarse si se rebela, si se remonta impulsivamente, eso es hacer el caldo a otros como Marine Le Pen [líder de la ultraderecha en Francia]. Lo que ella proclama es eso, pero yo apoyo la indignación en el sentido contrario. La que me sacude cuando los derechos básicos son atacados, perseguidos. Enfadarse y ya, para mí no tiene sentido. La ira no conduce a ninguna parte, debe ir seguida de compromiso.
Difícil. No propongo a la gente que se enfade sin más, sino que se pregunte cuáles son las razones que ponen en peligro esos valores fundamentales que hemos heredado y que ahora tiemblan. No es fácil, no.
Sobre todo, aclararnos en toda esta confusión. Un caldo de cultivo para diferentes indignaciones, para diferentes intereses. Al leer el libro quedan claros los valores, los peligros y los retos.
Son tres o cuatro. Empezando por los de la Revolución Francesa. Por algunos de ellos. Otros, insisto, la Declaración Universal de Derechos Humanos.
¿Los ve en la picota? Bastante, pero no olvidemos que en el tiempo en que fue redactada aquella declaración, el mundo todavía estaba amenazado por algunos totalitarismos. El fascismo había sido derrotado. Pero el comunismo pervivía. Luego se ha ido imponiendo otra ideología perversa basada en el mercado y nada más que en el mercado. Hoy, usted y yo, sufrimos sus consecuencias, las de un grupo privilegiado que busca sus beneficios a nuestras expensas. ¿Qué proponer como alternativa? La democracia real.
Bonita palabra. Confiar en depositar cada vez más poder en la gente común para que sus necesidades sean la prioridad a resolver por los Gobiernos, el primer deber. Los Gobiernos deben asegurar libertad, hermandad, igualdad y justicia social.
Y progreso. Otro concepto en crisis. Lo confundimos con progreso técnico, científico, pero no con bienestar. Absolutamente. Es algo muy sencillo, progresar significa tender a la mejoría. La palabra mejor es importante. ¿Cuál es la diferencia entre el bien y el mal? ¿Es mejor ganar dinero a cualquier precio o preservar la decencia y el honor? ¿Es mejor entrar en la espiral de un progreso científico a toda costa o guardarnos de descubrimientos que superen la dignidad del ser humano? Progreso no significa acelerarse, sino ser consciente de cuáles son los valores que ayudan a crear un mundo mejor y cuáles no. La democracia es exigente en sí. Demanda más a los políticos y logra tejer un sistema del que es difícil salir bien parado si actúas mal.
Volvamos a los claroscuros de la palabra indignación. Hubo un tiempo en que aquel sentimiento le llevó a un camino violento. ¿Qué sentía dentro, en sus tripas? No soy un tipo violento. Puedo entender qué lleva a la gente a la violencia. Pero a mí no me convence. Mi primera indignación tenía un nombre: los nazis. El fascismo de Franco y Mussolini, incluso Stalin, de quien ya tuvimos noticias de sus purgas en 1935. El totalitarismo. Además, teníamos el ejemplo de los republicanos españoles como contraposición a los comunistas más cerrados. Yo siempre me consideré demócrata, y cuando este sistema estaba en peligro me indignaba. Pero incluso dudé. Los estragos de la I Guerra Mundial nos hacían pensar a muchos que había que agotar todas las vías antes de entrar en otro conflicto. Negociar y dar la palabra a la gente de los diferentes países. Solo cuando vi claro que esta gente lo único que quería hacer era conquistar Europa con métodos violentos me convencí de que había que enfrentarse a ellos por las armas.
Pero esa indignación, físicamente, ¿era equiparable a la que siente ahora? No, entonces era joven y con ganas de luchar. Cuando llegó la hora, cuando vi que era necesario levantarme y enfrentarme a ellos, me invadió un deseo de lucha. Me enrolé en el ejército sin dudarlo. Y cuando se firmó el armisticio con los alemanes me volví a indignar. Sentí que era una deshonra y una deslealtad con los británicos. Me opuse; era inaceptable. ¿Qué podía hacer? ¿Luchar en Francia? ¿Unirme fuera a De Gaulle? Eso es lo que hice.
Y tuvo una relación intensa con él, han contado algunos. No. Yo era muy joven y un oficial de bajo rango. Pero tuve el privilegio al llegar a Londres de cenar con él en la intimidad. Me convocó. Quería saber qué pensaba de él un joven estudiante de la Escuela Normal Superior, muy prestigiosa entonces en Francia. Deseaba conocer lo que opinábamos de él los estudiantes de ese nivel.
Por lo menos, y gracias a la fortuna, también De Gaulle se indignó. Cosa que no ocurría entre una enorme parte de los franceses. Aquello fue tan extraño en un país que había levantado las banderas de la democracia en todo el mundo... ¿Qué ocurrió? Francia había sido tremendamente golpeada. Lo que había ocurrido entre mayo y junio de 1940 es algo muy raro en la historia. No solo fue una victoria militar. Fue una enorme derrota, humillante, en la que la gente tuvo que huir de sus casas hacia lugares insospechados. A muchos, el armisticio les supuso un respiro. La paz era tentadora para mucha gente, pero aquello no era paz.
¿Era una humillación? Además, había otros factores. La amenaza de los soviéticos aterrorizaba a la burguesía, mientras que los fascismos no tanto, creían que no atentaban tanto a su modo de vida. Además, los nazis garantizaban el freno a los comunistas más que nadie.
Luego, en su caso particular vino otra nueva indignación. ¡La Gestapo!
Ahí sufrió en sus propias carnes el peligro. ¿Cómo fue su detención? En el momento en que me arrestaron estaba seguro de que no sobreviviría. Me detuvieron bajo cargos de delitos criminales graves. Sabían que había llegado de Londres para reforzar la Resistencia.
Incluso, que usted era judío. Eso no lo sabían. Me conocían poco. Si se hubiesen enterado de que mi padre era un judío emigrado de Berlín, me habrían tratado de otra forma. Pero lo hicieron como a un espía de nivel. Y, ¿qué haces con un espía? Obviamente, sacarle información.
¿Bajo torturas? Efectivamente. En la bañera, ahogándome. Pero no consiguieron que delatara a nadie, y eso fue una satisfacción para mí. Después me condenaron a muerte. Afortunadamente, la justicia era lenta y me internaron en Buchenwald y la orden de ahorcarme llegó muy tarde. Ya entonces pude cambiar mi identidad con alguien que había fallecido sin que se dieran cuenta. Era una persona que no estaba condenada a muerte. Así me libré.
Me imagino que en aquellos días la indignación se había convertido en terror. No exactamente. Se transformó en algo que solo un joven patriota puede sentir. Ese convencimiento henchido en el que crees que has cumplido con tu deber y te has sacrificado por tu país.
¡Un héroe! [Risas] Le cuento algo Cuando me detuvieron cogí un trozo de papel y escribí un soneto de Shakespeare que sabía de memoria: "No longer morn for me when I am dead...". Como diciendo, si me fusilan mañana, que mi esposa sepa que no quiero luto, sino que sea feliz. Ridículo, esto siempre resulta ridículo.
Es una manera noble de enfrentarse a la muerte. La vida está llena de ironías.
Si le hubieran dicho entonces que cumpliría 93 años... ¡Y tanto! Mi siguiente indignación llegó en los campos de concentración. Yo sabía que la guerra era violenta. Pero lo que nunca pude sospechar es el grado de brutalidad al que podíamos llegar los seres humanos.
Pasó de sentirse un héroe a otro estado: el de víctima. No solo una víctima individual, sino parte de una colectividad. Porque yo, personalmente, tuve suerte. Me salvé entre un grupo de 36 condenados a muerte. Yo y dos personas más. Me enviaron a otro campo y me escapé. Cuando lo logré me volvieron a capturar y me internaron en Dora. Allí se debatían entre colgarme o darme 25 latigazos. Pero me libré de ambas cosas porque le dije al oficial que me interrogaba: Estoy seguro de que usted, que es valiente, como yo, habría intentado escapar. Lo hice, pero fallé, con lo que no les puedo causar daño. Todo eso se lo expliqué en alemán, que es mi idioma materno. Si no hubiese hablado su lengua, seguramente nadie me habría librado del castigo.
En su vida han existido también momentos de alegría. Como el de la Declaración de Derechos. Poner de acuerdo en una posición común a países tan distintos como Francia, EE UU, la URSS o Arabia Saudí sería un esfuerzo titánico. ¿Costó? Lo atestigüé de primera mano. Si no se hubiera conseguido en 1948, las tensiones posteriores lo habrían hecho imposible después. En ese momento histórico, los soviéticos se abstuvieron, Arabia, también, y así permitieron su aprobación. Fue el momento. Un texto ambicioso para la historia de la humanidad.
Supongo que en aquellos momentos su indignación dio paso a la esperanza. Pues sí. Ese momento fue de auténtica, de verdadera y gran esperanza en el entendimiento de las naciones tras la guerra. Estábamos convencidos de que aquel texto encarrilaría a buena parte del mundo en el camino de la libertad y la justicia. Pero aquello duró poco, porque después llegó otro sentimiento: la ansiedad que producía el peligro de una tercera guerra, que no sería como las otras, sino que traería consigo la catástrofe nuclear. El mundo había conocido dos horrores: el Holocausto e Hiroshima, y eso nos producía un enorme temor. Era un mundo complicado e inseguro. Sentíamos que si la ONU no conseguía éxitos en sus programas de desarrollo y respeto a los derechos humanos, todo se iría derrumbando.
¿Le queda algo del optimismo de entonces? Todavía creo que existen pequeños y lentos pasos adelante y que continuarán, con retrocesos y avances. La última década del siglo XX fue muy prometedora. Después de la caída del Muro estábamos convencidos de habernos adentrado en una nueva era. En 2000 se llegó a un acuerdo bajo la presidencia de Kofi Annan de los objetivos del milenio. Pero cayeron las Torres Gemelas... Y empezamos el siglo XXI muy mal.
Con la amenaza terrorista, pero también con la ruptura de las reglas internacionales por parte de Bush, Blair y Aznar. ¿Qué supuso aquello para el orden mundial? Aquello es parte de mi indignación presente. El hecho de que los ciudadanos sean conscientes de que estábamos dando grandes pasos adelante y esos líderes los frenaran en seco y nos colocaran en la dirección equivocada.
¿No fue aquello una especie de paripé de cruzados por la democracia que en realidad representaban una especie de fascismo travestido? Desde luego. Una de las reglas básicas a respetar en ese nuevo orden mundial que empezaba a configurarse a finales del siglo XX era el derecho internacional. Romperlo era adentrarse en lo peor.
Contra gobernantes de ignorancia supina, ¿qué se puede hacer? ¡Indignarse! Necesitamos otros gobernantes, y también, compromiso de la sociedad para aupar a los más decentes. No podemos caer en esa desazón de la juventud, ni en pensar que todos los políticos son iguales, porque no es cierto. La rabia y la indiferencia no nos llevan a ninguna parte.
En su vida ha existido otra indignación persistente: Palestina. De nuevo, la ruptura de las reglas internacionales, la brutalidad impuesta, la situación en Gaza y Cisjordania aúnan todo lo que más he detestado en mi vida. Parecida a la que sentí en los campos de concentración. Siento un gran aprecio por el Estado de Israel, pero cuando su Gobierno se comporta de una manera similar a los peores Gobiernos que yo he tenido que soportar en mi vida, no puedo admitirlo y me rebelo y denuncio esos abusos cometidos por ellos con el permiso de Estados Unidos, la Unión Europea y algunas empresas involucradas en la situación. Es lo mismo que siento respecto a la incapacidad para ponerse de acuerdo sobre el cambio climático. Espero que ahora Obama, tras haber acabado con Bin Laden y ganado popularidad, pueda avanzar en ciertas cosas.
Por cierto, ¿qué opina de ese episodio? Bueno, yo me alegro de que se haya acabado con él. Era un asesino capaz de cosas espantosas. Sobre todo, de haberle dado al islam una imagen siniestra en el mundo. Y no es así. La gente de los países árabes se ha encargado en pocos meses de hacernos saber que aspiran al sentido común con sus revueltas. Pero, volviendo a Bin Laden, hubiera sido deseable otro método: la detención, un juicio.
¿Dónde queda Europa con esas amenazas de políticas antiinmigración? Justo ese es el objetivo de mi libro. Concienciar a la gente para afrontar los nuevos retos con valores dignos. No son nuestras ínfimas naciones las que están en peligro, es nuestro mundo, cada vez más amenazado por corrientes como los neocons o quienes no se mentalizan en el trato al medio ambiente. La fe en el compromiso es clave. No estamos condenados al fracaso, pero para evitarlo hay que dar un paso adelante.
La deforestación de la Amazonia por la puerta trasera
Nos lo estábamos temiendo y los datos lo confirman: la deforestación en la selva amazónica se ha disparado a un ritmo vertiginoso. El sistema de monitoreo mensual del gobierno brasileño, DETER, confirma que la deforestación en el mes de abril ha aumentado un 823% respecto al año anterior (de 51 Km2 en 2010 a 477 Km2 en 2011), afectando principalmente al estado de Mato Grosso.
¿A qué se debe este aumento brutal? En estos meses se está debatiendo en el Congreso brasileño el nuevo texto del Código Forestal, la normativa que regula qué porcentaje de terreno ha de dejarse para la protección (lo que se llama Reserva Legal) de la Amazonia. Actualmente la Reserva Legal de una propiedad privada tiene que ser el 80%, siendo el 20% susceptible de ser deforestado para su explotación agrícola. Con la nueva normativa, la Reserva Legal quedaría en un 50%, dejando el otro 50% como área que puede ser talada.
Con la aprobación del nuevo texto, una de las consecuencias más nefastas e injustas sería que las personas implicadas anteriormente en la deforestación ilegal quedarían impunes. Todo el historial de destrucción sería limpiado para comenzar de cero. Esto ha motivado que grandes terratenientes se pongan manos a la obra para deforestar sin licencias, ni autorizaciones, de manera ilegal, porque esperan esa amplia amnistía y los cambios normativos que les permitan acceder a la reserva legal y a áreas de conservación.
En resumen, mientras el Congreso brasileño sigue debatiendo esta reforma, se aprovecha a destruir por la puerta trasera el bosque primario más extenso del planeta.
De esta manera, llegarán a nuestros mercados, productos (madera, soja para piensos, carne de vacuno, cuero) procedentes de ilegalidades, extorsión a comunidades, etc.
Greenpeace junto a otras ONG continúan movilizándose. El sábado pasado era un millar de personas, incluida Marina Silva, ex-ministra de medio ambiente, un millar de voces que exigen a la presidenta Dilma que proteja la Amazonia. No se puede echar por tierra los esfuerzos de la presidencia de Lula en reducir la deforestación amazónica. El liderazgo mundial de Brasil en la lucha contra la deforestación y el cambio climático está en juego.
¿A qué se debe este aumento brutal? En estos meses se está debatiendo en el Congreso brasileño el nuevo texto del Código Forestal, la normativa que regula qué porcentaje de terreno ha de dejarse para la protección (lo que se llama Reserva Legal) de la Amazonia. Actualmente la Reserva Legal de una propiedad privada tiene que ser el 80%, siendo el 20% susceptible de ser deforestado para su explotación agrícola. Con la nueva normativa, la Reserva Legal quedaría en un 50%, dejando el otro 50% como área que puede ser talada.
Con la aprobación del nuevo texto, una de las consecuencias más nefastas e injustas sería que las personas implicadas anteriormente en la deforestación ilegal quedarían impunes. Todo el historial de destrucción sería limpiado para comenzar de cero. Esto ha motivado que grandes terratenientes se pongan manos a la obra para deforestar sin licencias, ni autorizaciones, de manera ilegal, porque esperan esa amplia amnistía y los cambios normativos que les permitan acceder a la reserva legal y a áreas de conservación.
En resumen, mientras el Congreso brasileño sigue debatiendo esta reforma, se aprovecha a destruir por la puerta trasera el bosque primario más extenso del planeta.
De esta manera, llegarán a nuestros mercados, productos (madera, soja para piensos, carne de vacuno, cuero) procedentes de ilegalidades, extorsión a comunidades, etc.
Greenpeace junto a otras ONG continúan movilizándose. El sábado pasado era un millar de personas, incluida Marina Silva, ex-ministra de medio ambiente, un millar de voces que exigen a la presidenta Dilma que proteja la Amazonia. No se puede echar por tierra los esfuerzos de la presidencia de Lula en reducir la deforestación amazónica. El liderazgo mundial de Brasil en la lucha contra la deforestación y el cambio climático está en juego.
Son los nuestros
Por Julio Anguita
Están hartos. Saturados de discursos y prácticas tramposas. Escandalizados de que tanto ladrón ilustre acapare los flashes y las cabeceras de los informativos en lugar de las crónicas de los juzgados de guardia. Dolidos por causa de la sordidez de las políticas al uso, aparentemente dictadas por esos inventos exculpatorios denominados mercados. Atónitos ante la degradación y caricaturización de conceptos como Justicia, Libertad o Democracia. Zaheridos por el permanente agravio que suponen el despilfarro de una minoría frente a los esfuerzos infructuosos para supervivir, de una mayoría. Lúcidamente rebeldes ante una pasividad generalizada y además cultivada por la cultura oficial instalada en medios de comunicación, el adocenado lenguaje político al uso y los penosos discursos de tantos tenores huecos.
Se han lanzado a la calle y la siguen llenado sin complejos, poniendo en evidencia a quienes debían y debíamos haberlas llenado antes. Todavía no son conscientes del todo del valor y del ejemplo de su acción; todavía no han caído en la cuenta de lo que apuntan, de lo que han empezado a entreabrir y orear. Tienen la ingenuidad y la imprudencia de todos aquellos que se han atrevido a decir que el rey está desnudo y que la farsa es eso, una farsa.
Y lo hacen- a tenor de las declaraciones de sus portavoces- con una finísima mezcla de sentido común, valentía moral y madurez ciudadana que los hace casi únicos en este páramo berroqueño en el que la Ética y los valores ni cotizan en bolsa ni tampoco en las urnas. España siempre se parece a sí misma. Por las trazas se deduce que ellos se suman con fuerza joven a una minoría que siempre ha intentado acabar con esa miseria de nuestra historia. Tienen vocación de mayoría cívica capaz de desalojar de su aconchado caparazón a esa otra mayoría que traga connivente y cómplice.
Los he acompañado por la calles de Córdoba el día 15 y me he sentido de ellos A mis años y con la hoja de servicios amarilla de tiempo he sentido el impulso de intensificar ante mí y ante los míos, mi nunca abandonada lucha. Son los nuestros; y esta expresión quiere poner especial énfasis en la acepción de pertenencia que el posesivo conlleva; son los nuestros porque les pertenecemos. Son los nuestros porque rezuman aquella voluntad de cambio que otrora dio sentido a nuestra apuesta política. Lo han dejado claro, son apartidistas pero no apolíticos. Gracias compañeros y compañeras por esa decencia y sabiduría que por desgracia sólo están al alcance de vosotros y unos pocos más
Creo que nuestra militancia comunista exige de nosotros y a título personal, enrolarnos, comprometernos y engrosar sus filas sin más soldada que la gratificante sensación de que volvemos de nuevo a galopar hacia Utopía; o lo que es lo mismo hacia la honestidad, la justicia, la igualdad y el lenguaje limpio y veraz al servicio de la comunicación de ideas.
Cuando acabe el coro de grillos en el que el bipartidismo y adheridos han transformado la campaña electoral y asistamos al rigodón de pactos, repactos y contrapactos, no olvidemos que ya hay quien nos mira limpia y organizadamente; ya hay quien nos va a demandar algo más que lo políticamente correcto para hoy y hambre para mañana. Los mejores editoriales, las más incisivas crónicas, los más claros análisis y los juicios más justos no se hacen ahora en los medios (casi siempre mediados) sino en las calles y plazas de España.
Están hartos. Saturados de discursos y prácticas tramposas. Escandalizados de que tanto ladrón ilustre acapare los flashes y las cabeceras de los informativos en lugar de las crónicas de los juzgados de guardia. Dolidos por causa de la sordidez de las políticas al uso, aparentemente dictadas por esos inventos exculpatorios denominados mercados. Atónitos ante la degradación y caricaturización de conceptos como Justicia, Libertad o Democracia. Zaheridos por el permanente agravio que suponen el despilfarro de una minoría frente a los esfuerzos infructuosos para supervivir, de una mayoría. Lúcidamente rebeldes ante una pasividad generalizada y además cultivada por la cultura oficial instalada en medios de comunicación, el adocenado lenguaje político al uso y los penosos discursos de tantos tenores huecos.
Se han lanzado a la calle y la siguen llenado sin complejos, poniendo en evidencia a quienes debían y debíamos haberlas llenado antes. Todavía no son conscientes del todo del valor y del ejemplo de su acción; todavía no han caído en la cuenta de lo que apuntan, de lo que han empezado a entreabrir y orear. Tienen la ingenuidad y la imprudencia de todos aquellos que se han atrevido a decir que el rey está desnudo y que la farsa es eso, una farsa.
Y lo hacen- a tenor de las declaraciones de sus portavoces- con una finísima mezcla de sentido común, valentía moral y madurez ciudadana que los hace casi únicos en este páramo berroqueño en el que la Ética y los valores ni cotizan en bolsa ni tampoco en las urnas. España siempre se parece a sí misma. Por las trazas se deduce que ellos se suman con fuerza joven a una minoría que siempre ha intentado acabar con esa miseria de nuestra historia. Tienen vocación de mayoría cívica capaz de desalojar de su aconchado caparazón a esa otra mayoría que traga connivente y cómplice.
Los he acompañado por la calles de Córdoba el día 15 y me he sentido de ellos A mis años y con la hoja de servicios amarilla de tiempo he sentido el impulso de intensificar ante mí y ante los míos, mi nunca abandonada lucha. Son los nuestros; y esta expresión quiere poner especial énfasis en la acepción de pertenencia que el posesivo conlleva; son los nuestros porque les pertenecemos. Son los nuestros porque rezuman aquella voluntad de cambio que otrora dio sentido a nuestra apuesta política. Lo han dejado claro, son apartidistas pero no apolíticos. Gracias compañeros y compañeras por esa decencia y sabiduría que por desgracia sólo están al alcance de vosotros y unos pocos más
Creo que nuestra militancia comunista exige de nosotros y a título personal, enrolarnos, comprometernos y engrosar sus filas sin más soldada que la gratificante sensación de que volvemos de nuevo a galopar hacia Utopía; o lo que es lo mismo hacia la honestidad, la justicia, la igualdad y el lenguaje limpio y veraz al servicio de la comunicación de ideas.
Cuando acabe el coro de grillos en el que el bipartidismo y adheridos han transformado la campaña electoral y asistamos al rigodón de pactos, repactos y contrapactos, no olvidemos que ya hay quien nos mira limpia y organizadamente; ya hay quien nos va a demandar algo más que lo políticamente correcto para hoy y hambre para mañana. Los mejores editoriales, las más incisivas crónicas, los más claros análisis y los juicios más justos no se hacen ahora en los medios (casi siempre mediados) sino en las calles y plazas de España.
Acampada al Sol
Por Jose Maria Carrascal
«ESPAÑA es el país de los frutos maduros», escribía poéticamente Eugenio Montes. Lo que, traducido a prosa, quería decir que hemos llegado tarde a todo. Al Renacimiento, a la Reforma, a la Ilustración, a la revolución industrial, a la revolución agrícola, a la revolución sexual (la revolución política aún no la hemos cerrado) y estamos llegando tarde a la revolución económica. Ahora nos llega la revolución juvenil, cuarenta años después que en Occidente y dos meses más tarde que en el mundo árabe, para vergüenza nuestra, pues la famosa «movida» fue una coña. Pero más vale tarde que nunca y nuestros jóvenes se han lanzado a la calle con pancartas que ponen a caer de un burro a los dirigentes sin excepción y acampan por las plazas mayores de las villas como protesta de lo que está ocurriendo en el país. Pero la primera pregunta que se le ocurre a uno no es ¿por qué lo hacen?, sino ¿por qué han tardado tanto en hacerlo? Sí, ¿cómo es posible que los jóvenes españoles hayan tardado tanto en darse cuenta de lo que les ocurre, con más de un 40 por ciento de paro y escasas posibilidades de iniciar una actividad profesional decente, a no ser que pertenezcan a un partido, lo que de por sí ya es una indecencia?
Aunque la respuesta es fácil: porque, pese a tan malas perspectivas, a los jóvenes españoles no les había ido del todo mal, o al menos eso se creían. Los políticos y la sociedad les había adormecido con todo tipo de estupefacientes, empezando por la poca necesidad de esforzarse en el estudio o trabajo y terminando por aceptar la idea de que, a sus años, lo primero es divertirse, y luego, lo demás. Si encima se tenía garantizada en casa la comida, la cama y la libertad para volver cuando le diera a uno la gana, se comprende que los jóvenes españoles no tuvieran muchas ganas de echarse a la calle a protestar. Suena a crítica a ellos, pero no lo es. Ellos no han hecho otra cosa que seguir las pautas que les marcaban los mayores. Somos nosotros los principales culpables de tanta imprevisión e irresponsabilidad.
Y ha tenido que ser la crisis, la puñetera crisis, la que descubriera la farsa, como el niño que gritó que el rey iba desnudo: tanta tolerancia, tanto consentimiento, tanta indulgencia con los jóvenes era en realidad una trampa que les atraparía de por vida. El «ya tendré tiempo para trabajar, ahora toca divertirme», de moda durante tantos años, se ha convertido en el dramático «aquí no tendré nunca trabajo». Los jóvenes españoles empiezan a darse cuenta de que no tienen futuro, de que son «una generación perdida», como se les definía el FMI de Dominique Strauss-Kahn, otro que tal. Y han empezado a acampar en las plazas públicas, ya no con el botellón, sino con la pancarta. Un poco tarde, como ocurre con todo en España. Esperemos que no demasiado tarde.
"Es alarmante que los jóvenes no se muevan con el 43% de paro juvenil"
El filósofo y periodista (colaborador de El País y la Cadena SER) Josep Ramoneda abordó ayer en el curso sobre Paz, conflictos y convivencia, organizado por la Cátedra Unesco de la UPNA, el tema de la conflictividad en la sociedad actual, "plural y desigual", como la define. El pensador, que también dirige el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, expuso ayer que la cultura de crisis se articula sobre una idea, "para mí terrible porque tiene consecuencias devastadoras, de que todo es posible". A partir de ahí se ha perdido la noción de límites y "cuando se pierden la historia dice que siempre viene el desastre y, muchas veces, el totalitarismo".
Todo es posible, añadió, porque el poder económico actúa sin límites. Empresas de capital-riesgo practican una especie de "destrucción creativa" a base de invertir dinero en las empresas, no con la intención de hacerlas rentables sino de sacarles el máximo dinero y luego venderlas, y "a la segunda o tercera venta las empresas desaparecen".
En política también se ha impuesto la idea de que está todo permitido, y la fecha que simboliza esa "pulsión sin límites" es 10 de agosto de 2002, momento en el que George Bush, presidente de Estados Unidos, patria de las libertades, "legaliza" el más "execrable de los crímenes de Estado que es la tortura". En el asesinato de Bin Laden en Pakistán y "sin llorar su pérdida", la solución como con cualquier criminal hubiera sido "detenerle y llevarle ante el tribunal de justicia y condenarle dentro de las reglas del Estado de Derecho".
la salida a la crisis Ramoneda cree que los signos no son muy esperanzadores. "Hubo un momento, recordó, en el que los gobiernos occidentales decidieron intervenir algunos de sus bancos y había una expectativa de que se "imponían unas reglas del juego", aunque resultara "irritable tener que salvar los disparates de unos responsables financieros con dinero público". Pero esto duró muy poco, y la salida a la crisis la están dictando "los mismos que la provocaron".
Una crisis que ha agudizado a su vez la cultura de la "indiferencia" la cual fundamenta en cuatro patas. En primer lugar, la apatía política que hace que la gente se desentienda de la política. En segundo lugar, la desjerarquización, el todo es igual y no se sabe muy bien qué es o no relevante, teniendo los medios de comunicación una responsabilidad muy alta. Está además la idea instalada de que el cambio social no es posible, "que no tiene sentido ni siquiera intentarlo porque, además, las leyes de la economía son las que mandan". Finalmente entra en juego la "indiferencia" hacia el otro.
El desequilibrio de poderes, añade, se ha agravado en plena crisis por la disfunción que supone el hecho de que el poder económico esté globalizado, mientras que el poder político sigue siendo nacional y local, "o se adapta o lo hunden". A su juicio, hay que avanzar hacia estructuras supranacionales de poder político. Sin embargo, Europa en lugar de mantenerse unida ante esta crisis, ante las ofensivas de los mercados, "lo que ha hecho es fragmentarse en una especie de 'sálvase quién pueda', que podría acabar mal...". Pone como ejemplo que se haya impuesto a Grecia unos planes de intervenir "absolutamente imposibles de cumplir", y las mismas exigencias ahora con Portugal. Este clima de malestar que no acaba de romper, es un caldo de cultivo para la extrema derecha en Europa. Nuestra sociedad vive un momento de malestar social profundo pero que no se expresa... "Aquí, en la crisis de los años ochenta hubo una agitación importantísima, aparecieron quinquis, una mezcla de delincuencia, paro, droga... Ahora, en cambio, hay una atonía absoluta, hay un 43% de paro juvenil y los jóvenes no se mueven. Es alarmante que en la situación en la que se está no pase nada...", indica. Y la única manera de entenderlo es que "hemos sido mucho peores padres que hijos, y hemos convertido a los hijos en una suerte de especie protegida a la que, como no sabemos cómo proteger, la mantenemos", asevera. A su juicio, no hay posibilidad de afrontar la conflictividad del mundo sin una idea común de "condición humana y de humanidad compartida". "Hay una fractura técnica muy grande, y suficientes razones como para pensar que Nietzsche podía tener razón y podríamos estar viendo convivir al último hombre y el superhombre".
Todo es posible, añadió, porque el poder económico actúa sin límites. Empresas de capital-riesgo practican una especie de "destrucción creativa" a base de invertir dinero en las empresas, no con la intención de hacerlas rentables sino de sacarles el máximo dinero y luego venderlas, y "a la segunda o tercera venta las empresas desaparecen".
En política también se ha impuesto la idea de que está todo permitido, y la fecha que simboliza esa "pulsión sin límites" es 10 de agosto de 2002, momento en el que George Bush, presidente de Estados Unidos, patria de las libertades, "legaliza" el más "execrable de los crímenes de Estado que es la tortura". En el asesinato de Bin Laden en Pakistán y "sin llorar su pérdida", la solución como con cualquier criminal hubiera sido "detenerle y llevarle ante el tribunal de justicia y condenarle dentro de las reglas del Estado de Derecho".
la salida a la crisis Ramoneda cree que los signos no son muy esperanzadores. "Hubo un momento, recordó, en el que los gobiernos occidentales decidieron intervenir algunos de sus bancos y había una expectativa de que se "imponían unas reglas del juego", aunque resultara "irritable tener que salvar los disparates de unos responsables financieros con dinero público". Pero esto duró muy poco, y la salida a la crisis la están dictando "los mismos que la provocaron".
Una crisis que ha agudizado a su vez la cultura de la "indiferencia" la cual fundamenta en cuatro patas. En primer lugar, la apatía política que hace que la gente se desentienda de la política. En segundo lugar, la desjerarquización, el todo es igual y no se sabe muy bien qué es o no relevante, teniendo los medios de comunicación una responsabilidad muy alta. Está además la idea instalada de que el cambio social no es posible, "que no tiene sentido ni siquiera intentarlo porque, además, las leyes de la economía son las que mandan". Finalmente entra en juego la "indiferencia" hacia el otro.
El desequilibrio de poderes, añade, se ha agravado en plena crisis por la disfunción que supone el hecho de que el poder económico esté globalizado, mientras que el poder político sigue siendo nacional y local, "o se adapta o lo hunden". A su juicio, hay que avanzar hacia estructuras supranacionales de poder político. Sin embargo, Europa en lugar de mantenerse unida ante esta crisis, ante las ofensivas de los mercados, "lo que ha hecho es fragmentarse en una especie de 'sálvase quién pueda', que podría acabar mal...". Pone como ejemplo que se haya impuesto a Grecia unos planes de intervenir "absolutamente imposibles de cumplir", y las mismas exigencias ahora con Portugal. Este clima de malestar que no acaba de romper, es un caldo de cultivo para la extrema derecha en Europa. Nuestra sociedad vive un momento de malestar social profundo pero que no se expresa... "Aquí, en la crisis de los años ochenta hubo una agitación importantísima, aparecieron quinquis, una mezcla de delincuencia, paro, droga... Ahora, en cambio, hay una atonía absoluta, hay un 43% de paro juvenil y los jóvenes no se mueven. Es alarmante que en la situación en la que se está no pase nada...", indica. Y la única manera de entenderlo es que "hemos sido mucho peores padres que hijos, y hemos convertido a los hijos en una suerte de especie protegida a la que, como no sabemos cómo proteger, la mantenemos", asevera. A su juicio, no hay posibilidad de afrontar la conflictividad del mundo sin una idea común de "condición humana y de humanidad compartida". "Hay una fractura técnica muy grande, y suficientes razones como para pensar que Nietzsche podía tener razón y podríamos estar viendo convivir al último hombre y el superhombre".
Verdades y mentiras sobre la percepción de los inmigrantes en España
Cuando se habla de inmigración, las falacias y los tópicos están a la vuelta de la esquina. Es más, en época de campaña electoral los argumentos que generalmente se pueden escuchar en la barra de un bar se trasladan al terreno político. El número de extranjeros, la criminalidad, la percepción del inmigrante como un competidor peligroso tanto en el mercado de trabajo como en las prestaciones sociales son sólo una pequeña muestra del tipo de razones de quienes se declaran partidarios de una reducción drástica de los flujos migratorios.
Un estudio promocionado por la Obra Social La Caixa intenta desmontar estos tópicos a través de un análisis riguroso de los datos disponibles sobre este tema. Por una parte, el estudio examina el acceso de los inmigrantes a los servicios sociales, al sistema sanitario y educativo; por otra, analiza la contribución de la población inmigrante al sistema de protección social, tanto desde el punto de vista de las contribuciones con sus propias cotizaciones e impuestos como con su provisión de servicios personales y de cuidado.
El balance ha sido claro: los inmigrantes que residen en España aportan más al Estado del Bienestar de lo que reciben, aproximadamentes tres veces más. Los inmigrantes representan hoy en día el 12,17% de la población de España, más de 5,7 millones de personas, frente al 2,28% del año 2000. El rápido crecimiento de la población extranjera en España se ha producido en los años de bonanza económica, de 2000 a 2006, contribuyendo de manera decisiva a crear riqueza.
"El 50% del superávit de las finanzas públicas en los años de mayor crecimiento económico correspondió a las aportaciones de los inmigrantes", ha dicho Francisco Javier Moreno, autor del estudio junto a María Bruquetas. Moreno ha resaltado que "menos del 1% de los perceptores de pensiones son extranjeros", y que la gran mayoría de ellos se encuentran "en plena etapa productiva", proporcionando una aportación positivas a las entradas del Instituto Nacional de la Seguridad Social" (INSS), un dato que seguirá manteniéndose así durante las próximas dos décadas.
Los inmigrantes recurren un 7% menos que la población autóctona al médico de cabecera y un 16% menos al especialista, pese a que acudan un 3,2% más a los servicios de urgencias. El gasto sanitario absorbido por los inmigrantes equivale al 5% del total. Este gasto ha crecido significativamente desde el año 2000, fecha en la que se situaba al 1%; no obstante, el dato sigue siendo bajo en proporción al porcentaje de inmigrantes sobre la población total.
El estudio observa también que los inmigrantes, que actualmente representan el 30% de la población pobre, frente al 18% de los españoles, reciben sólo el 6,8% del total de las intervenciones de los servicios sociales. De éstas, el 60% tienen por objeto informarles de sus derechos o derivarles hacia otras instituciones.
"Es cierto que algunos servicios públicos pueden empeorar debido a la presencia masiva de inmigrantes en determinados barrios", ha afirmado Moreno, "pero el problema reside en quiénes tienen la responsabilidad". "Si hay un aumento de la demanda", ha añadido, "la oferta también tiene que cambiar y mejorar". Esta evidencia, ha dicho, vale tanto en la Sanidad, como en la Educación y en los servicios sociales.
Otro dato negativo es el escaso aumento de la productividad que ha acompañado el crecimiento económico español hasta la crisis actual. "El mercado laboral demandaba la mano de obra que ha llegado", pero ha sido un alibi para no mejorar el nivel tecnológico de los sectores en los que ha sido empleada. "Claro está", ha dicho Moreno, "estoy evaluando un hecho, no afirmo que la responsabilidad recaiga sobre los inmigrantes".
Javier Moreno y María Bruquetas han resaltado que estudios como los que han llevado a cabo son muy importantes en una época de crisis como la que estamos viviendo y, sobre todo, tras las revueltas que han protagonizado los países del Norte de África que podrían provocar una ola migratoria hacia Europa. "La percepción de la realidad es a veces tan real cuanto la realidad misma". Hay que trabajar para que estas percepciones equivocadas no se transformen en una "profecía que se autocumple" y para ello "es fundamental informar".
Un estudio promocionado por la Obra Social La Caixa intenta desmontar estos tópicos a través de un análisis riguroso de los datos disponibles sobre este tema. Por una parte, el estudio examina el acceso de los inmigrantes a los servicios sociales, al sistema sanitario y educativo; por otra, analiza la contribución de la población inmigrante al sistema de protección social, tanto desde el punto de vista de las contribuciones con sus propias cotizaciones e impuestos como con su provisión de servicios personales y de cuidado.
El balance ha sido claro: los inmigrantes que residen en España aportan más al Estado del Bienestar de lo que reciben, aproximadamentes tres veces más. Los inmigrantes representan hoy en día el 12,17% de la población de España, más de 5,7 millones de personas, frente al 2,28% del año 2000. El rápido crecimiento de la población extranjera en España se ha producido en los años de bonanza económica, de 2000 a 2006, contribuyendo de manera decisiva a crear riqueza.
"El 50% del superávit de las finanzas públicas en los años de mayor crecimiento económico correspondió a las aportaciones de los inmigrantes", ha dicho Francisco Javier Moreno, autor del estudio junto a María Bruquetas. Moreno ha resaltado que "menos del 1% de los perceptores de pensiones son extranjeros", y que la gran mayoría de ellos se encuentran "en plena etapa productiva", proporcionando una aportación positivas a las entradas del Instituto Nacional de la Seguridad Social" (INSS), un dato que seguirá manteniéndose así durante las próximas dos décadas.
Los inmigrantes recurren un 7% menos que la población autóctona al médico de cabecera y un 16% menos al especialista, pese a que acudan un 3,2% más a los servicios de urgencias. El gasto sanitario absorbido por los inmigrantes equivale al 5% del total. Este gasto ha crecido significativamente desde el año 2000, fecha en la que se situaba al 1%; no obstante, el dato sigue siendo bajo en proporción al porcentaje de inmigrantes sobre la población total.
El estudio observa también que los inmigrantes, que actualmente representan el 30% de la población pobre, frente al 18% de los españoles, reciben sólo el 6,8% del total de las intervenciones de los servicios sociales. De éstas, el 60% tienen por objeto informarles de sus derechos o derivarles hacia otras instituciones.
Algunos datos negativos
Los autores del estudio también han analizado los impactos negativos del fenómeno de la inmigración. Las poblaciones inmigrantes suelen residir en algunas zonas concretas de España, especialmente en la costa mediterránea y en la Comunidad de Madrid. A pesar de que aquí no se hayan creado guetos, al igual que en otros países europeos, se asiste a una concentración de estos colectivos en determinadas zonas de las ciudades."Es cierto que algunos servicios públicos pueden empeorar debido a la presencia masiva de inmigrantes en determinados barrios", ha afirmado Moreno, "pero el problema reside en quiénes tienen la responsabilidad". "Si hay un aumento de la demanda", ha añadido, "la oferta también tiene que cambiar y mejorar". Esta evidencia, ha dicho, vale tanto en la Sanidad, como en la Educación y en los servicios sociales.
Otro dato negativo es el escaso aumento de la productividad que ha acompañado el crecimiento económico español hasta la crisis actual. "El mercado laboral demandaba la mano de obra que ha llegado", pero ha sido un alibi para no mejorar el nivel tecnológico de los sectores en los que ha sido empleada. "Claro está", ha dicho Moreno, "estoy evaluando un hecho, no afirmo que la responsabilidad recaiga sobre los inmigrantes".
Javier Moreno y María Bruquetas han resaltado que estudios como los que han llevado a cabo son muy importantes en una época de crisis como la que estamos viviendo y, sobre todo, tras las revueltas que han protagonizado los países del Norte de África que podrían provocar una ola migratoria hacia Europa. "La percepción de la realidad es a veces tan real cuanto la realidad misma". Hay que trabajar para que estas percepciones equivocadas no se transformen en una "profecía que se autocumple" y para ello "es fundamental informar".
Julio Anguita: Notas para un debate económico
El ataque más fuerte contra la equidad de un sistema tributario proviene de la extensión del fraude fiscal. Nadie lo defiende en el plano teórico, pero en la práctica determinadas fuerzas sociales y económicas ponen toda clase de obstáculos a su eliminación.
Con el pretexto de defender el derecho a la intimidad, se imposibilita la información y se propicia que determinadas rentas queden ocultas. El dinero negro es un fenómeno consentido desde las instancias del poder y amparado y potenciado por las instituciones financieras.
La evasión fiscal se ve también favorecida por una cierta mentalidad dominada por un juridicismo formal que, incapaz de comprender la naturaleza de los fenómenos económicos, pretende aplicar a los procedimientos fiscales los mismos requisitos probatorios que se exigen para otras faltas y delitos.
Por otra parte, se carece de una teoría procesal y penal del delito fiscal que se adapte a las especiales circunstancias de las defraudaciones tributarias, difíciles de cuantificar en muchas ocasiones y para las que los índices o signos externos deben adquirir carácter probatorio.
Desde el liberalismo económico, se argumenta que la existencia del fraude debe, como contrapartida, facilitar la reducción de la imposición. Se arguye que una elevada presión fiscal propicia y estimula la evasión y que ésta se reduciría si la carga tributaria fuese menor.
En consecuencia, si queremos terminar con el fraude, suprimamos los impuestos. Razonamientos de este tipo proliferan como hongos en el discurso del liberalismo económico.
Con el pretexto de defender el derecho a la intimidad, se imposibilita la información y se propicia que determinadas rentas queden ocultas. El dinero negro es un fenómeno consentido desde las instancias del poder y amparado y potenciado por las instituciones financieras.
La evasión fiscal se ve también favorecida por una cierta mentalidad dominada por un juridicismo formal que, incapaz de comprender la naturaleza de los fenómenos económicos, pretende aplicar a los procedimientos fiscales los mismos requisitos probatorios que se exigen para otras faltas y delitos.
Por otra parte, se carece de una teoría procesal y penal del delito fiscal que se adapte a las especiales circunstancias de las defraudaciones tributarias, difíciles de cuantificar en muchas ocasiones y para las que los índices o signos externos deben adquirir carácter probatorio.
Mayor presión fiscal, mayor evasión
Ha calado en la sociedad y, por lo tanto, en el propio aparato de justicia, un discurso anti-fiscal que lleva a considerar con cierta indulgencia a los defraudadores, en la medida que todos somos contribuyentes. En realidad, esta postura benevolente se enmarca en un contexto amplio que dota de impunidad a la mayoría de los delitos económicos.Desde el liberalismo económico, se argumenta que la existencia del fraude debe, como contrapartida, facilitar la reducción de la imposición. Se arguye que una elevada presión fiscal propicia y estimula la evasión y que ésta se reduciría si la carga tributaria fuese menor.
En consecuencia, si queremos terminar con el fraude, suprimamos los impuestos. Razonamientos de este tipo proliferan como hongos en el discurso del liberalismo económico.
La Punset mas verde
Carolina Punset Bannel nació en Washington en 1971 pero ha residido gran parte de su vida en Madrid, donde se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma.
El destino le llevó a buscar su residencia actual en Altea (Alicante), una ciudad en la que reconoce que "se vive con muchísima calidad". Agradece sobre todo el clima, que durante seis meses al año le permite darse un baño en la playa tras la jornada laboral.
Respirar aire puro y tener un contacto directo con la naturaleza son también razones por las que se enamoró de esta población. Precisamente por ello entró en política liderando el partido político de Ciudadanos Independientes por Altea (CIPAL) como "reacción al destrozo medioambiental y al nepotismo que se había instalado en su municipio".
Hija del divulgador científico y exministro Eduard Punset, Carolina asegura que es "la única ecologista de la casa" y que, en muchas ocasiones, discute por este asunto con su padre, a quien define como "un cientificista absoluto, que está convencido de que la ciencia nos salvará de casi todos los males".
Aunque su contacto con la política fue una constante desde pequeña, Carolina Punset explica que su verdadera ilusión era "ser juez, después abogada y pasados los 40, posiblemente política".
Por el momento, ha ejercido como abogada penalista, es especialista en cooperación al desarrollo y ha trabajado con importantes organizaciones como Médicos sin Fronteras o la fundación de Dominique Lapierre. También ha ejercido como perito calígrafo judicial.
Explica que su mayor logro fue romper con la mayoría absoluta del anterior gobierno, al ser elegida como concejal en el Ayuntamiento de Altea en 2007 con el 7,75% de los votos. Entró a formar parte del equipo de gobierno junto al PSOE, durante tres años y en la actualidad ejerce como concejal en la oposición.
En el Ayuntamiento ha sido edil de Agricultura, Sanidad, Participación Ciudadana y Residentes Extranjeros. Sus principales logros, explica, han sido convertir Altea en un referente en materia medioambiental y de agricultura ecológica en la Comunidad Valenciana, una ciudad libre de transgénicos, con renovados huertos urbanos y con un potente consejo agrícola local.
Aunque en principio estuvo tentada a presentarse como candidata de Los Verdes para las elecciones autonómicas en la Comunidad Valenciana, finalmente ha decidido aplicar el "principio ecológico" sobre su carrera y ha centrado sus esfuerzos en conseguir que CIPAL se vea reforzado en el Ayuntamiento a partir de los próximos comicios.
No obstante, recuerda que cuando se empezó a hablar en el Ayuntamiento de Altea de Ecología y de Agricultura Ecológica, el tema solo suscitó "burlas y risas". Gracias a una labor constante y mucha paciencia, finalmente ha logrado integrar a gente que era "muy contraria o absolutamente ajena a estos temas", una meta para Carolina Punset, que piensa que "integrar a tus oponenetes en tus proyectos es lo mejor para hacerlos realidad".
Considera que el principal mal de la política española son las listas cerradas y bloqueadas. En su opinión, este es un sistema que beneficia únicamente a las élites de los partidos políticos, que a su parecer son "un cáncer para la democracia real".
De ellos habla como "instituciones cerradas, endogámicas, absolutamente amiguistas y que encima viven y chupan de nuestros impuestos". Por este motivo, uno de los deseos de Carolina Punset sería conseguir el cambio hacia las listas abiertas. "Si esto ocurriera el poder usurpado volvería a los ciudadanos y se potenciaría también el voto en conciencia", añade.
Mientras paseamos por los rincones más emblemáticos de Altea reconoce que de su Ayuntamiento le preocupa la "quiebra técnica" a la que ha llegado. Por ello, su partido promueve la necesidad de "recortar los gastos innecesarios y optimizar los recursos existentes". Mejorar las infraestructuras y los servicios para todos (incluidas las urbanizaciones), dinamizar la gestión de la administración o promover la tolerancia cero contra el ruido son otras de sus propuestas.
El destino le llevó a buscar su residencia actual en Altea (Alicante), una ciudad en la que reconoce que "se vive con muchísima calidad". Agradece sobre todo el clima, que durante seis meses al año le permite darse un baño en la playa tras la jornada laboral.
Respirar aire puro y tener un contacto directo con la naturaleza son también razones por las que se enamoró de esta población. Precisamente por ello entró en política liderando el partido político de Ciudadanos Independientes por Altea (CIPAL) como "reacción al destrozo medioambiental y al nepotismo que se había instalado en su municipio".
Hija del divulgador científico y exministro Eduard Punset, Carolina asegura que es "la única ecologista de la casa" y que, en muchas ocasiones, discute por este asunto con su padre, a quien define como "un cientificista absoluto, que está convencido de que la ciencia nos salvará de casi todos los males".
Aunque su contacto con la política fue una constante desde pequeña, Carolina Punset explica que su verdadera ilusión era "ser juez, después abogada y pasados los 40, posiblemente política".
Por el momento, ha ejercido como abogada penalista, es especialista en cooperación al desarrollo y ha trabajado con importantes organizaciones como Médicos sin Fronteras o la fundación de Dominique Lapierre. También ha ejercido como perito calígrafo judicial.
Explica que su mayor logro fue romper con la mayoría absoluta del anterior gobierno, al ser elegida como concejal en el Ayuntamiento de Altea en 2007 con el 7,75% de los votos. Entró a formar parte del equipo de gobierno junto al PSOE, durante tres años y en la actualidad ejerce como concejal en la oposición.
En el Ayuntamiento ha sido edil de Agricultura, Sanidad, Participación Ciudadana y Residentes Extranjeros. Sus principales logros, explica, han sido convertir Altea en un referente en materia medioambiental y de agricultura ecológica en la Comunidad Valenciana, una ciudad libre de transgénicos, con renovados huertos urbanos y con un potente consejo agrícola local.
Aunque en principio estuvo tentada a presentarse como candidata de Los Verdes para las elecciones autonómicas en la Comunidad Valenciana, finalmente ha decidido aplicar el "principio ecológico" sobre su carrera y ha centrado sus esfuerzos en conseguir que CIPAL se vea reforzado en el Ayuntamiento a partir de los próximos comicios.
No obstante, recuerda que cuando se empezó a hablar en el Ayuntamiento de Altea de Ecología y de Agricultura Ecológica, el tema solo suscitó "burlas y risas". Gracias a una labor constante y mucha paciencia, finalmente ha logrado integrar a gente que era "muy contraria o absolutamente ajena a estos temas", una meta para Carolina Punset, que piensa que "integrar a tus oponenetes en tus proyectos es lo mejor para hacerlos realidad".
Considera que el principal mal de la política española son las listas cerradas y bloqueadas. En su opinión, este es un sistema que beneficia únicamente a las élites de los partidos políticos, que a su parecer son "un cáncer para la democracia real".
De ellos habla como "instituciones cerradas, endogámicas, absolutamente amiguistas y que encima viven y chupan de nuestros impuestos". Por este motivo, uno de los deseos de Carolina Punset sería conseguir el cambio hacia las listas abiertas. "Si esto ocurriera el poder usurpado volvería a los ciudadanos y se potenciaría también el voto en conciencia", añade.
Mientras paseamos por los rincones más emblemáticos de Altea reconoce que de su Ayuntamiento le preocupa la "quiebra técnica" a la que ha llegado. Por ello, su partido promueve la necesidad de "recortar los gastos innecesarios y optimizar los recursos existentes". Mejorar las infraestructuras y los servicios para todos (incluidas las urbanizaciones), dinamizar la gestión de la administración o promover la tolerancia cero contra el ruido son otras de sus propuestas.
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