Por Carlos Enrique Bayo.
Tan obsesionados andamos con la deuda soberana, la crisis del euro y la recesión del ladrillo, que nos hemos olvidado de los que están mucho peor que nosotros: los mil millones de personas que cada día se acuestan con hambre.
Las hambrunas que aquejan al planeta tienen múltiples causas, desde las sequías e inundaciones causadas por el cambio climático hasta la industria de los biocombustibles, que quita tierras y cultivos a la producción de alimentos para llenar los depósitos de los grandes todoterrenos del mundo rico. Pero pocos saben que uno de los principales motivos de ese sufrimiento mundial –y de que cinco millones de niños mueran por malnutrición cada año en el Tercer Mundo– es la ingeniería financiera con la que los tiburones de Wall Street transformaron los mercados de futuros de las materias primas en una ruleta bursátil, con la que seguir enriqueciéndose, tras el pinchazo de la burbuja de las puntocom en 2000-2001.
En realidad, a los primeros que se les ocurrió tan estupenda idea fue a los banqueros neoyorquinos de Goldman Sachs, quienes ya en 1991 crearon un nuevo instrumento especulativo, un índice de 18 productos básicos –del trigo, el cacao, el cerdo, el arroz o el café, al cobre y al petróleo– para que los brokers pudieran también jugar en lo que hasta entonces era un mercado especializado. A ese Goldman Sachs Commodity Index se sumaron después muchas otras grandes entidades financieras deseosas de aprovecharse de la llamada “apuesta de China”: la lógica creencia de que a medida que crezcan los ingresos de chinos, indios y otros integrantes de las nuevas clases medias de las potencias emergentes, consumirán alimentos de mejor calidad y en más cantidad. Una jugada segura.
Es lo que la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (Unctad) denomina “financialización” de los mercados de productos de primera necesidad. Un fenómeno que se desbocó cuando los lobbies financieros norteamericanos consiguieron que el Congreso de EEUU aprobase por la vía de urgencia –para compensar a los mercados del colapso de la burbuja digital– una legislación que permitió a los grandes fondos de pensiones y hedge funds que empezasen a especular con derivados de esos índices de materias primas. Acababa de empezar el siglo XXI y tanto republicanos como demócratas abrazaban el credo de la desregulación financiera.
El resultado fue tan espectacular como ignorado por políticos y ciudadanos: en sólo cinco años, las posiciones de los fondos en el mercado de materias primas pasó de 13.000 a 317.000 millones de dólares. Esa tremenda multiplicación especulativa buscaba, por supuesto, que los precios de esos productos básicos se disparasen, para obtener pingües beneficios con los astronómicos márgenes entre lo que se paga a los agricultores (fijado de antemano e invariable) y lo que se acaba cobrando a los consumidores.
Y así fue. Según los cálculos de la Unctad, en la primera década del siglo los precios medios del trigo, el maíz y el arroz prácticamente se triplicaron… produciendo decenas de miles de millones de beneficios a los especuladores bursátiles, con los que compensaron sus pérdidas en las temerarias operaciones de las hipotecas subprime, los activos basura y los CDS. Entretanto, en 2008 estallaban revueltas del hambre en una treintena de países del Tercer Mundo, donde la mayoría de la población tiene que gastar en alimentos el 70% de sus ingresos y no puede costear ni la menor subida de precios; simplemente ha de pasar hambre.
Ni siquiera la actual crisis económica global ha frenado ese encarecimiento de los productos de primera necesidad, pues el año pasado los precios de los cereales aumentaron en más del 60%.
“El mercado de los alimentos se ha convertido en un casino”, declaró Joerg Mayer, de la Unctad, a The Guardian. “Y por una única razón: hacer que Wall Street gane todavía más dinero”.
Los hombres de Goldman Sachs toman las riendas de Europa
Europa está asistiendo a un desfile de nuevas caras en primera línea política y económica. Sin apenas tiempo para familiarizarse con los actores, el público se ha encontrado de frente con los rostros de Mario Draghi, Lucas Papademos y Mario Monti, los nuevos líderes del Banco Central Europeo, el Gobierno griego y el Ejecutivo italiano, respectivamente. Se trata de tres economistas de más de sesenta años, con formación en prestigiosas universidades estadounidenses y con un perfil bajo que facilita el consenso en torno a sus nombramientos. Además, los dos últimos han provocado un fulgurante renacimiento del término “tecnócrata” en conversaciones y artículos de prensa. Ahora bien, ¿tienen alguna otra característica en común? Tal y como pone de manifiesto un artículo de Le Monde, aún podemos añadir otro vínculo más que une a los tres: Goldman Sachs.
En primer lugar, Mario Draghi fue vicepresidente de Goldman para Europa desde 2002 a 2005, ascendido a socio y nombrado responsable de empresas y deuda soberana de los países europeos. Una de sus funciones era vender “swaps”, productos financieros con los que se ocultó una parte de la deuda soberana y que, en consecuencia, permitieron falsear las cuentas de Grecia.
Mario Monti, por su lado, es asesor internacional del banco americano desde 2005. Y en tercer puesto, Lucas Papademos, que fue gobernador del Banco Central griego entre 1994 y 2002, participando en la operación defalsificación de las cuentas del país perpetrada por Goldman Sachs. Ante semejante red de conexiones, Europa ha quedado reducida a personajes de Ionesco, repitiendo una y otra vez: “¡Qué curioso! ¡Qué extraña coincidencia!”, pero estos lazos entre los poderosos no pertenecen al teatro del absurdo sino todo lo contrario: es fácil encontrar más ejemplos que prueban que el guión tiene mucho sentido.
Además de los mencionados, otros dos pesos pesados han jugado un papel importante en la crisis actual del euro. Por un lado, Otmar Issing, ex economista jefe del Bundesbank y consejero internacional de Goldman Sachs. Por el otro, Jim O’Neill, el hombre que inventó el término “BRICS”, acrónimo que designa a los mercados emergentes con alto potencial de crecimiento (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y Primer Ejecutivo del área de gestión de activos del banco americano.
Es interesante resaltar que el irlandés Peter Sutherland desempeñó un papel clave en el rescate de su país, especialmente porque es el expresidente de Goldman Sachs Internacional y continúa siendo miembro de su Consejo de Administración. Y no está de más mencionar que Paul Deighton trabajó durante 22 años en el banco y ahora es el Director General del Comité de Organización de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Sin embargo, más allá de las apariencias, esta red de influencias ya no es tan eficaz como solía ser. El tejido de complicidades que mantenían los antiguos responsables de los Bancos Centrales de los distintos países ya no sirve tanto para controlar las decisiones, toda vez que los políticos son cada vez más conscientes de la impopularidad de los profesionales del mundo financiero. Allí donde Goldman Sachs pudo actuar con entera libertad (Grecia, especulación contra el euro, el “caso Abacus”…) se produjeron una serie de escándalos que provocaron enfrentamientos con los poderes públicos.
Y es que entre los votantes ha calado la idea de que a los responsables de la crisis hay que buscarlos en el mundo financiero, hasta el punto de que las acusaciones se reparten por igual entre políticos y banqueros, cuando tradicionalmente los segundos no solían estar en el foco público. La repentina llegada al poder de Monti y Papademos en Italia y Grecia y la impresión de que el proceso sigue en marcha, no ha hecho sino aumentar una cierta sensación entre la población de que se está tratando de convertir a los pirómanos en bomberos. Y mientras se discute si un Estado puede dirigirse como una empresa, en España han surgido iniciativas como la denominada “Vota en Banco – Cajero Electoral”, que presenta a los principales bancos del país como si fueran partidos.
Dr. Golman y Mr. Sachs
Así pues, el mayor obstáculo para la efectividad de las conexiones de Goldman es la creciente preocupación de empresarios y políticos por la imagen y la transparencia a la hora de tratar con sus hombres, a los que el banco procura situar siempre de forma subrepticia. Es por eso que sus antiguos responsables actúan como una suerte de Dr. Goldman y Mr. Sachs, ocultando sus vínculos con el banco cuando los entrevistan o cuando se les encomienda una misión oficial; tal y como ocurrió con Monti, a quien José Manuel Barroso, presidente de la Comisión, encargó en 2010 un estudio sobre el mercado único europeo.
Cuando se le pregunta, Mario Draghi no duda en afirmar que él no tuvo nada que ver con la falsificación de la contabilidad griega organizada por Goldman Sachs en el año 2000, dado que tomó posesión de su cargo en 2002 y dimitió en 2005, es decir, un año antes de que el banco procediera a la venta de los “swaps” griegos al National Bank of Greece, en esos momentos el primer banco comercial griego.
Un banco que estaba dirigido por Petros Christodoulos, el hombre actualmente responsable del organismo que gestiona la deuda griega. Y antiguo trader de Goldman Sachs.
EE.UU. lanza una ofensiva diplomática para permitir el uso de bombas racimo hasta 2018
EEUU, respaldado por países como China, Rusia, Israel o India, ha puesto en marcha una ofensiva diplomática para que la Convención sobre Armas Convencionales (CAC) permita la producción, almacenamiento y uso de munición de racimo hasta 2018.
La ofensiva ha comenzado este lunes en la CAC, que estará reunida dos semanas en Ginebra, con dos bandos enfrentados: el que defiende una prohibición inmediata y total de estas armas, y el que aboga por destruir primero los arsenales anteriores a 1980 y establecer una prórroga para los más modernos antes de su eventual erradicación.
El primero de los bandos está encarnado por las 111 naciones firmantes de la Convención de Oslo, que entró en vigor en 2010 y que prohíbe la producción, el almacenamiento, y el uso de estas armas, que matan y mutilan miles de personas, un tercio de ellas menores.
Pero entre esas 111 naciones no están ni Estados Unidos, ni Rusia, ni China, ni Israel, ni India, ni Pakistán, países que producen, almacenan y usan entre el 85 y el 90 por ciento de las armas de este tipo, por lo que el impacto de la Convención de Oslo es muy limitado y únicamente tiene un componente moral.
Estas naciones no se quieren deshacer inmediatamente de estas armas porque son útiles desde el punto de vista militar.
"Sirven, por ejemplo, para controlar amplias zonas de terreno, causando un daño menor que una gran ofensiva con artillería, que tendría un coste humano mayor", según ha manifestado una fuente diplomática estadounidense, que ha expresado la necesidad de hacer compatible la estrategia militar y la humanitaria.
Las bombas racimo se convierten en minas antipersonales
Las municiones de racimo son por lo general bombas que se lanzan desde aviones, aunque también con morteros, y que liberan cientos de submuniciones que no discriminan su objetivo.
Según la Coalición sobre la Munición de Racimo (CMC, siglas en inglés), una organización que defiende la erradicación de estas armas, muchas submuniciones no explotan y se convierten en minas antipersonales que siguen matando y mutilando muchos años después.
En la actualidad, 37 naciones y territorios sufren el problema de las municiones de racimo a resultas de un conflicto, 19 Estados siguen empleándolas y 35 las producen o las han producido, mientras que hay arsenales de este tipo de armas en 86 países.
Son los datos de la CMC, que está en Ginebra para presionar contra la iniciativa estadounidense de enmendar uno de los protocolos de la CAC para legitimar su uso a corto y medio plazo.
La CMC recuerda que este armamento causó en Kosovo en 1999 y en Irak en 2003más muertes civiles que cualquier otro tipo de arma.
La propuesta de Washington
Frente a esto, la propuesta de Washington consiste en aprobar un protocolo legalmente vinculante, con una serie de prohibiciones y reglas, que tenga un efecto concreto en los arsenales actuales.
Washington propone un protocolo que implique destruir las municiones de racimo fabricadas antes de 1980, lo que en el caso estadounidense supondría eliminar 2millones de artefactos (con 100 millones de submuniciones), una tercera parte de su arsenal.
"En otras palabras, se prohibirían más municiones de racimo por parte de EEUU de lo que ha conseguido la Convención de Oslo por parte de todos sus Estados miembros juntos", expuso ante la CAC el jefe de la delegación estadounidense, Phillip Spector.
El representante estadounidense ha agregado que el protocolo establece además unaprohibición inmediata de la transferencia de este tipo de armas posteriores a 1980 que no tengan "una salvaguardia", es decir, que presenten una tasa de fallo superior al 1 por ciento.
HRW: "La postura de EE.UU. es incoherente"
Steve Goose, miembro de Human Rights Watch -organización que forma parte de la CMC-, ha explicado que detrás de esta propuesta está la intención de "dar luz verde al uso de unas armas que causan un daño inaceptable a la población civil" y ha alertado que si el protocolo se aprueba se enviará el mensaje de que su uso es legítimo.
Goose ha considerado incoherente el argumento estadounidense: "Por un ladoreconocen que estas armas son peligrosas y dañinas, pero a la vez dicen que van a utilizarlas al menos 12 años más".
Sobre la salvaguardia, ha señalado que una cosa son "las pruebas de laboratorio" y otra la vida real, ya que cuando Israel empleó estas armas en Líbano en 2006 la tasa de error fue del 15 por ciento, causando más de 200 víctimas en el año posterior al conflicto.
Aviso a España: la tecnocracia toma el control de Italia y Grecia
Por Enric Juliana.
Un nuevo orden político se va desplegando en el sur de Europa. Los eslabones más débiles se rompen. Los gobiernos de acentuada vocación ideológica caen y toman el relevo mayorías de "salvación nacional". Es la hora de los tecnócratas. Lucas Papademos y Mario Monti, dos economistas perfectamente sintonizados con el cuarto de máquinas del Directorio Europeo, tomarán las riendas de Grecia e Italia en los próximos días. Antes de que el gallo cante en Navidad, todos los países de la débil periferia del euro habrán mudado de piel. España, que, en principio, no se encamina a un gobierno tecnocrático, recibió ayer una nueva advertencia de Bruselas: harán falta más sacrificios.
La República Italiana hizo honor ayer a su vieja tradición de resolver en el último minuto sus problemas más enrevesados. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, de 86 años, ha dado una nueva lección de sabiduría y habilidad. No habrá elecciones anticipadas. En horas veinticuatro, el primer ministro saliente, Silvio Berlusconi, ha dejado de oponer resistencia a la formación de un gobierno técnico. El laberinto italiano quedará en manos de Mario Monti, ex comisario europeo de la Competencia, hombre del establishment milanés que goza de la confianza de Mario Draghi, desde hace una semana nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE). Tras anunciar su dimisión por la súbita pérdida de apoyos parlamentarios, Berlusconi y su guardia pretoriana amenazaban con abocar a Italia a unas elecciones anticipadas: tres meses de incertidumbre con la prima de riesgo por encima de los 500 puntos. Un escenario infernal. El decadente emperador de Roma ha cedido –¿pacto entre bambalinas a cambio de inmunidad?– e Italia se encamina con toda rapidez a un gobierno Draghi-Monti de amplia base parlamentaria. Gobierno de salvación nacional.
En la Grecia balcánica, el mensaje no podría ser más explícito: toma el mando Lucas Papademos, actual vicepresidente del Banco Central Europeo y ex gobernador del Banco de Grecia. Después de unas jornadas de espesa incertidumbre, izquierda y derecha (Pasok y Nueva Democracia) se pusieron de acuerdo ayer para que Papademos sustituya al socialista Giorgos Papandreu y complete en un plazo de tres meses la inmersión de Grecia en la economía de guerra. Tecnocracia y gobierno de unidad nacional en Atenas.
En realidad, la corriente tecnocrática en el sur de Europa fue inaugurada hace cinco meses en Portugal. El nuevo gobierno de Pedro Passos Coelho ha recuperado el tradicional espíritu contable de la derecha portuguesa –perfectamente encarnado por el actual presidente de la República, el economista Aníbal Cavaco Silva– y ha colocado en lugares clave a destacados especialista. El nuevo superministro de Economía y Empleo, Álvaro Santos Pereira, es un economista de 39 años fichado directamente de la Universidad de Vancouver (Canadá).
La política española está tomando nota rápidamente del nuevo escenario. Acuciados por la gravísima situación financiera de Italia y por las pesimistas previsiones de otoño dadas a conocer ayer por el comisario de Asuntos Monetarios, Olli Rehn, Rajoy y Rubalcaba se colocaron ayer en posición de firmes. "Ofrezco un gobierno serio que cumplirá sus obligaciones con la Unión Europea", manifestó el líder del Partido Popular en el curso de una visita a las islas Canarias. "Lógicamente, tendré un ministro de Economía, pero es tan importante lo que está pasando que son los propios presidentes los que llevan la política económica, y así será conmigo", dijo un voluntarioso Pérez Rubalcaba en las islas Baleares. Paradójicamente, en el debate del pasado lunes entre ambos líderes no hubo ninguna referencia, ni directa, ni indirecta, al súbito empeoramiento de las perspectivas europeas. Josep Antoni Duran Lleida es, por el momento, el único candidato que defiende la formación de un gobierno de concentración en España.
Faltan diez días de campaña y llegan las ocurrencias en forma de vídeo. No podían faltar. El PSC ha vuelto a tropezar en YouTube. Hace un año, el equipo de campaña de José Montilla sorprendió a todos con un frívolo spot sobre el orgasmo socialista. Ayer, el equipo de Carme Chacón tuvo que retirar un vídeo en el que un paciente muere por falta de asistencia en un hospital público catalán. Sexo, mentiras y cintas de vídeo en Barcelona, mientras los tecnócratas toman el control del sur de Europa.
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