
Cuando un hombre se arrastra, deberíamos arrastrarnos todos. Cuando un hombre cae vencido por el dolor y la desesperanza, todos deberíamos caer vencidos por el dolor y la desesperanza. Sólo cuando un hombre cierra los ojos porque no tiene nada que ver, ni que esperar, ni que hacer en esta vida, le acompañamos, también nosotros, todos los hombres y las mujeres del mundo, cerramos los ojos con él, pero no para sentir y compartir su dolor, sino para no verlo, para olvidarlo, para que siga formando parte de otro mundo y no distorsione el de nuestro bienestar. Son muchas las formas de cerrar los ojos que empleamos, pero la peor consiste en inventar pretextos para justificar nuestra ausencia del sufrimiento que corroe la tierra. "Son perezosos", decimos o pensamos, "no podemos admitir a tanta gente", "que vuelvan a sus países". Así somos y así buena parte de nuestras autoridades nos animan a que sigamos siendo. Mientras tanto ellos, los poderosos con nuestro consentimiento, cierran las fronteras, construyen muros y barreras para que nuestra riqueza no encuentre obstáculos en su carrera al despilfarro y a la destrucción del planeta, con tal de que ningún deseo quede sin cumplir en la geografía privilegiada de unos pocos.Siempre he creído que el 80% de los habitantes de la tierra tienen hambre, viven en la miseria y caminan hacia la muerte sin remisión ni remedio para que el 20% restante pueda hacer régimen, se rodee de riquezas y consiga alargar lo que le queda de vida. Tal vez parezca una explicación simple y seguramente lo sea, pero aún así ésta es la verdad. Por esto cerramos los ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario