Los precios del petróleo están (y seguirán estando) por las nubes. Mantener la enorme dependencia de este recurso, sin hacer una apuesta clarísima y definitiva por las energías renovables, es una actitud suicida por motivos de sobras conocidos: económicos, geopolíticos y ecológicos.
Conseguir que el 100% de la electricidad sea producida con energías renovables es caro pero no imposible. Veamos un ejemplo: según un artículo de “Investigación y Ciencia” de marzo de 2008, conseguir este reto en Estados Unidos costaría 400.000 millones de dólares. Parece mucho dinero, pero podemos compararlo con el coste de la guerra de Irak: 1 billón de dólares (más del doble).
Tampoco hay que olvidar que la gasolina tiene importantes subvenciones y, lo más importante, que nadie está asumiendo el coste de la contaminación que provoca el petróleo. Por ejemplo, se calcula que en España mueren cada año 16.000 personas a causa de la contaminación, y que varios millones sufren de diversos problemas respiratorios (como asma) a causa del humo de los coches. ¿Qué costes tiene esto en forma de gastos sanitarios o de horas de trabajo perdidas por enfermedad? Es evidente que la gasolina cuesta mucho más de lo que pagamos en el surtidor.
La energía solar es una de las energías renovables con más posibilidades. En 40 minutos, el Sol envía a la Tierra la energía equivalente al consumo de un año entero. ¿Qué hace la humanidad despilfarrando está increíble cantidad de recursos?
Los beneficios de una apuesta audaz por la energía solar serían impresionantes:
la dependencia del crudo importado desaparecería o se reduciría en una gran proporción. Los países que apostaran ganarían en independencia económica (reducción del déficit comercial) y política (no estarían a merced de países donde, por ejemplo, no se respetan los derechos básicos de las mujeres)
se suavizarían las tensiones militares, descendiendo por tanto los gastos en armamento y pudiendo dedicar estos recursos a necesidades más importantes, como la sanidad o la educación
aumentarían los puestos de trabajo en el país siendo, además, puestos de trabajo cualificados (ingenieros y trabajadores especializados en energía solar)
Muchas tierras actualmente estériles del África subshariana y de otras regiones, dejarían de serlo. Sería una oportunidad de salir de la pobreza para muchos países que podrían exportar su electricidad.
Algunos países disponen de extensas superficies desérticas o semidesérticas que resultan perfectas para la instalación de enormes granjas solares. En España, un buen ejemplo es la zona de Los Monegros. Podría darse un aprovechamiento económico a esta región sin el impacto ecológico y paisajistico de otros proyectos como la réplica de Las Vegas que se quiere construir. En los Estados Unidos, hay 650.000 km2 de terreno perfecto para la instalación de granjas solares
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