Por Antonio Casado.
Recién salido de las febriles brumas de un trancazo considerable, descubro que en el plus ultra de Mariano Rajoy, por la derecha, de factura estrictamente mediática, no tragan con la guerra de Libia. Por ser más preciso, la derecha furiosa no comparte el apoyo del PP a la participación de España en la operación militar. Así que la ha emprendido contra Rajoy y quiere hacerle creer a través de los sondeos que ha metido la pata.
Espero que no le influyan. Y menos con tan mezquinos motivos de fondo ¿De verdad creían que el PP, un partido que puede estar gobernando dentro de un año, iba a votar en contra de nuestra participación en la guerra de Libia sólo por pagar a Zapatero con la misma moneda (Irak, 2003), al margen de considerar o no justo el apoyo solicitado por el actual Gobierno?
La política no debe ser entendida como un devastador intercambio de golpes, sin otro objetivo que el de desgastar al adversario, al margen de lo que dicten los intereses generales o el sentido común. “La resolución se basa en sólidas razones morales”, dice Rajoy, entre otras cosas, para justificar su apoyo a la participación de España en el operativo militar destinado a proteger a la población civil de Libia. Por tanto, entiende que es una decisión moralmente justa, sin ignorar los elementos de incertidumbre señalados en relación a medios, liderazgo, objetivos últimos, papel de la OTAN, etc.
Además de ser moralmente justa, la decisión de Rajoy es políticamente acertada. Ha hecho bien en eludir el estúpido juego de las diferencias entre Irak y Libia. Aunque son muchas, los trompeteros del Tea Party de andar por casa se empeñan en negarlo. Estúpido y absurdo. ¿No hay diferencias?, ¿es lo mismo? Vale, entonces el PP ha hecho bien en repetir apuesta en los dos casos. Sí a la guerra de Aznar, sí a la guerra de Zapatero. ¿A qué viene el alboroto? El alboroto conduce a la polarización y en Génova saben que eso le hace el juego al PSOE. Qué más quisiera José Blanco que Rajoy le echara una mano en la titánica tarea de movilizar al desalentado votante socialista.
¿Sólo por reivindicar a Aznar, ya que Rajoy no tuvo la valentía de hacerlo en la Cámara? La disposición de los actuales dirigentes del PP a reivindicar la figura del anterior presidente del Gobierno no pasa precisamente por su actuación en la guerra de Irak, como sabe cualquier periodista medianamente informado. Pero también es cierto que algunos sectores de la derecha mediática están más motivados por ajustarle las cuentas al PSOE del “no a la guerra” (2003) que en labrar para el PP la imagen de un partido con sentido de Estado en vísperas de un posible retorno al poder a partir de 2012.
Ocho años después de las manifestaciones contra la guerra de Irak, con participación de muchos votantes del PP -no hubieran sido masivas sólo con los de izquierda-, todavía hay gente empeñada en defender lo indefendible. Una guerra inmoral e ilegal que no trajo más que desgracias y explica en gran parte el deslucido mutis de Aznar y la derrota del PP en las urnas de 2004
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