Budapest amenaza con sanciones y la empresa propietaria se inhibe
La fábrica de donde partió la riada tóxica se desentiende de toda responsabilidad
La planta procede de la época comunista y su mayor accionista es un multimillonario
La postura de Magyar Alumínium, la fábrica que ha causado la muerte de al menos siete personas y el peor desastre ecológico de Hungría, remite al significado que tiene en español el acrónimo por el que es conocida, MAL. La empresa solo ha roto su sangrante silencio para afirmar que la rotura del muro que produjo el abrasivo vertido se debió a causas meteorológicas y que sus instalaciones habían aprobado las inspecciones gubernamentales. Esto es, se ha lavado las manos. Si bien en un alarde de humanidad ha ofrecido unos 200.000 euros para la recuperación de la zona asolada y ha insistido en pagar los funerales de las víctimas. Los epítetos más ligeros que han merecido la suma y el gesto son «ridícula» y «ofensivo», respectivamente.
Viktor Orban, el primer ministro húngaro, señaló ayer directamente a MAL al decir: «Estamos asombrados porque aún no tenemos constancia de ninguna información que pueda reducir la presumible responsabilidad humana. Mi opinión es que detrás de esta tragedia tiene que haber algunos errores humanos». Orban advirtió de que si la investigación determina fallos, tendrán «el castigo más duro posible».
MAL es herencia de la industria pesada fomentada durante la época comunista en Hungría. En la transición hacia la democracia a partir de 1990, el organismo estatal que gestionaba todo el sector industrial fue privatizado y dividido en un opaco proceso. MAL pasó a manos privadas en 1995.
Su principal accionista es Lajos Tolnay, que ocupa el puesto 21 entre los ciudadanos húngaros más ricos, con una fortuna de 83 millones de euros. Según la prensa húngara, sus dos principales socios, Béla Petrusz y Árpád Bakonyi, disponen de fortunas que rondan los 60 millones de euros. MAL cuenta con una plantilla de unos 3.000 trabajadores.
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